Calefactores eléctricos y radiantes: qué son y cómo funcionan
¿Hace frío? Puedes cambiarlo fácilmente: los calefactores aportan calor al instante, especialmente donde no hay calefacción convencional. ¿Infrarrojos o convección? ¿Mini calefactor eléctrico o termoventilador? Analizamos los diferentes tipos de aparatos, te damos consejos para calentar correctamente y te enseñamos cómo despedirte de los escalofríos de forma económica y eficiente.

Tipos de calefactores y uso según necesidad
Pasar frío no es agradable, y por eso se inventaron los calefactores. Estos generan energía térmica destinada a calentar objetos o personas. Bajo esta definición no solo entran las calefacciones clásicas de red urbana, sino también las eléctricas, las estufas o herramientas eléctricas como los decapadores.
En la práctica, el término "calefactor" se refiere principalmente a dispositivos eléctricos de fácil instalación que se conectan a un enchufe. Sirven para hacer más acogedoras las habitaciones sin calefacción o para ofrecerte una fuente de calor adicional si la necesitas. Existen dos tipos principales:
- Termoventiladores y calefactores de aire: Son una mezcla de módulo térmico y ventilador. Calientan el aire que aspiran y lo distribuyen por la estancia. Este calentamiento de las moléculas de aire se denomina calor por convección. Como la tecnología base del ventilador ya está integrada, la mayoría de estos aparatos pueden usarse tanto para calentar como para refrescar.
- Radiadores de calor: Son calefactores por infrarrojos que emiten calor directo. Están disponibles como emisores de pared compactos o como grandes paneles térmicos. El calor por infrarrojos no calienta tanto el aire, sino los objetos y las personas a su alrededor. Este calor se percibe como más intenso.
En un sentido más amplio, los termostatos para radiadores también se consideran dispositivos de calefacción. Se instalan en los radiadores convencionales y permiten calentar correctamente y, además, ahorrar mucho dinero. Sus programas inteligentes, por ejemplo, activan el calor a horas determinadas o detectan ventanas abiertas.

Calefactores de aire vs. radiadores de calor: ventajas y desventajas
Los termoventiladores, radiadores de infrarrojos y demás dispositivos tienen la misma misión: calentar estancias que no disponen de un radiador clásico o chimenea, o aquellas donde sigues teniendo frío a pesar de la calefacción y de usar una manta.
Para todos estos aparatos portátiles se aplica la misma regla: generan calor focalizado y están diseñados para calentar su entorno más cercano. No son tan eficientes ni tan potentes como una calefacción central de pared. Al igual que ocurre con los aires acondicionados, aprovechas mejor sus ventajas si:
- Colocas el aparato cerca de tu escritorio, de la cama o directamente sobre el banco de trabajo.
- Mantienes ventanas y puertas cerradas mientras funcionan y eliminas obstáculos innecesarios.
- Usas el aparato solo el tiempo necesario para alcanzar tu temperatura ideal de confort.
Pero, ¿qué tipo de generación de calor portátil se adapta mejor a ti? Aquí tienes un resumen de sus ventajas y desventajas:
Calor por convección (Termoventiladores) | Calor por infrarrojos (Radiadores de calor) |
|---|---|
+ Calentamiento rápido. | + Calor directo y agradable. |
+ Económicos y compactos. | + El calor se mantiene durante más tiempo. |
+ Uso flexible y portátil. | + Funcionamiento silencioso. |
– El calor se pierde más rápido a través del aire. | – Solo sirven para calentar puntos específicos. |
– Mayor consumo eléctrico. | – Mayor consumo eléctrico. |
– Ventilador con ruido audible. | – Más caros que los termoventiladores. |
En general, se aplica lo siguiente: los termoventiladores son una excelente opción para el taller, las habitaciones de la casa o incluso la caseta del jardín, ya que puedes transportarlos fácilmente y colocarlos en cualquier lugar. Por otro lado, los radiadores de calor han demostrado su eficacia en estancias que suelen ser frías, como el pasillo, el aseo de invitados o el garaje.

Qué tener en cuenta a la hora de comprar un calefactor
Cuando se trata de calefacción, la seguridad debe ser tu prioridad absoluta al elegir un equipo. Dado que la producción de calor hace que el propio aparato se caliente, cualquier producto de calidad debe contar con las siguientes medidas de seguridad:
- Apagado automático: El aparato debe apagarse automáticamente si alcanza una temperatura excesiva o después de un periodo de tiempo determinado. Es aún mejor si cuenta con protección adicional, como el sistema antivuelco, que detiene el funcionamiento si el equipo se cae.
- Rejillas de protección: Es imprescindible contar con una rejilla frente a la fuente de calor para protegerte a ti y a tu familia de posibles quemaduras. Aun así, siempre existen riesgos, por lo que debes instalar o colocar los calefactores fuera del alcance de los niños.
- Grado de protección (IP): El código IP indica en qué entornos se puede usar el aparato, detallando su resistencia al polvo y al agua. IP20: Protegido contra polvo y partículas sólidas, pero no contra el agua. Solo es apto para salones, talleres o dormitorios. IPX4: Protegido contra salpicaduras de agua. Puede usarse, bajo ciertas precauciones, en baños fríos o zonas húmedas.
Además de la seguridad, la eficiencia es clave. Los termoventiladores deberían tener al menos 2.000 vatios (W) de potencia para que el elemento calefactor actúe rápido y genere suficiente calor. Mediante los niveles de potencia, podrás decidir si necesitas mucho calor en poco tiempo o si prefieres un "modo Eco" para un confort más suave y ahorrativo.
Por último, dado que el objetivo es calentarte a ti y no solo el aire de la estancia, es fundamental poder dirigir el flujo de calor. En los termoventiladores esto se logra mediante lamas ajustables, mientras que en los radiadores de infrarrojos se suele hacer mediante un ángulo de inclinación regulable.

