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Preguntas frecuentes sobre tu bebé

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¿Qué son los alimentos biológicos?

La producción ecológica, también denominada biológica u orgánica, es una forma de producir alimentos respetando unas normas medioambientales y de bienestar animal muy estrictas que disminuyen el impacto del hombre sobre el medio ambiente. En otras palabras, es un modo de elaborar alimentos de forma más espetuosa con la naturaleza, desde el inicio de la producción, el procesamiento, la distribución y la venta. Con la producción ecológica se pueden obtener diferentes clases de alimentos: verduras y hortalizas, frutas, lácteos (leche, yogur y queso), carne, pescado huevos, pan, cereales, café,vino…


¿En qué se diferencian los alimentos biológicos de los de cultivo habitual?
En primer lugar, de acuerdo con lo establecido por la normativa europea los alimentos de producción ecológica pese a elaborarse de forma diferente, deben cumplir los mismos estándares de calidad que los alimentos “convencionales”. Respecto a la agricultura ecológica (verduras, hortalizas, frutas…) la diferencia es que, en la producción biológica en lugar de utilizar productos químicos (pesticidas, fertilizantes…) para eliminar las plagas o las malas hierbas, los agricultores hacen rotación de cultivos y utilizan alimentos más resistentes. Tampoco se utilizan conservantes artificiales ni productos para potenciar el sabor, puesto que se dan prioridad a los productos locales y de temporada así los alimentos son más frescos.
Los alimentos de origen animal de producción ecológica también se cuidan siguiendo unas condiciones especiales para asegurar su bienestar: se crían al aire libre, se alimentan de pienso ecológico, y son curados con medicinas naturales sin utilizar antibióticos. Tampoco se utilizan estimulantes ni aditivos.


¿Cómo puedo diferenciar un alimento biológico de otro que no lo es?
Diferenciar un producto ecológico de uno convencional es muy sencillo. La Unión Europea (UE) diseñó un sello alimentario específico para los alimentos biológicos, con la finalidad de que el consumidor pudiera identificar fácilmente estos productos. En otras palabras, todas las empresas que elaboran alimentos biológicos dentro de la UE deben incluir obligatoriamente en el paquete el logotipo ecológico. Este sello garantizará al consumidor que el producto cumple con todos los requisitos legales de producción ecológica.
El logotipo ecológico es de color verde con estrellas blancas en el centro que dibujan una hoja.
Las estrellas hacen referencia a las estrellas presentes en la bandera europea y la hoja y el color verde simbolizan la naturaleza. Así que ya sabes, ¡tan solo deberás echar un vistazo al envoltorio de tu producto!

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¿Mi leche es la mejor para mi bebé?

La leche materna es el mejor alimento para nuestro hijo, porque proporciona la energía y los nutrientes necesarios para su óptimo crecimiento y desarrollo desde el primer momento de vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y la incorporación de nuevos alimentos a partir de entonces, manteniéndola hasta los 2 años o más, mientras madre e hijo lo deseen.


¿Qué beneficios aporta la lactancia materna?
La leche materna es un alimento natural que tiene múltiples beneficios tanto para el bebé como para su madre. Más allá de sus ventajas nutricionales, esta leche protege al niño de determinadas enfermedades infecciosas, enfermedades crónicas, alergias y estreñimiento. Además, crea un vínculo entre madre e hijo que tiene efectos beneficiosos en el desarrollo psicomotor del bebé, por los estímulos que se generan en el contacto con su madre.


La lactancia contribuye en la mujer a espaciar los embarazos ya que el propio organismo se adapta para dedicarse a la crianza del bebé. También favorece la disminución del peso ganado durante el embarazo y puede reducir el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer como el de ovarios y de mama.


¿Qué se debe tener en cuenta?
La OMS y UNICEF aconsejan para una mejor instauración de la lactancia materna que:
1. Se inicie en la primera hora de vida.
2. El lactante solo reciba leche materna y ningún otro alimento ni bebida.
3. Se realice a demanda, siempre que el bebé la reclame.
4. No se utilicen biberones, tetinas ni chupetes.


Muchas madres se preocupan porque creen que producen poca leche y optan por complementar la lactancia materna con leche artificial. La producción de leche materna está controlada por una hormona que se regula por retroalimentación positiva, es decir, cuanto más estimulamos el pecho, más leche produciremos. Así que, si das el pecho, la lactancia materna tiene todas las ventajas para que puedas sumergirte en el viaje de la maternidad de la mejor forma posible.
 

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¿Cuándo puedo introducir los alimentos diferentes a la leche en la alimentación de mi bebé?

Desde su nacimiento hasta, aproximadamente, los seis meses la lactancia exclusiva (materna o, en su defecto, de fórmula) por si sola cubre las necesidades de energía y de nutrientes del bebé. A partir de este momento, poquito a poco la leche empezará a ser insuficiente por lo que empieza a ser necesario complementarla.
La alimentación complementaria es el período de tiempo en el cual los papás van introduciendo a la alimentación del lactante de forma lenta, progresiva y en pequeñas cantidades alimentos líquidos, semisólidos y sólidos diferentes a la leche. Este proceso se inicia cuando el pediatra lo considera oportuno, que suele ser alrededor de los 6 meses de edad (nunca anterior a los 4 meses). Incluso después de la introducción de los alimentos complementarios, la leche continúa siendo un pilar importante de la alimentación de tu pequeño.


¿Qué alimentos se pueden introducir?
Tal como indican las últimas recomendaciones para la alimentación infantil, a partir de los 6 meses ya se pueden introducir los cereales (pan, arroz, pasta…), preferiblemente integrales, indistintamente si son con o sin gluten, frutas, verduras y hortalizas, legumbres, huevos, carne y pescado en pequeñas cantidades según la edad, aceite de oliva y frutos secos troceados o molidos para evitar atragantamientos.


¿Qué alimentos se deben evitar?
Aunque la variedad de alimentos que se pueden ofrecer es muy amplia, existen algunas excepciones como, por ejemplo: las espinacas y las acelgas que deben intentar posponerse hasta los 12 meses por su contenido en nitratos; pez espada o emperador, cazón, tintorera y atún por su contenido en mercurio se deben evitar hasta los tres años; la miel hasta los 12 meses por el riesgo de intoxicación por botulismo. Por otro lado, no se recomienda añadir sal, azúcar o edulcorantes a las preparaciones. Además, también es necesario recordar que se debería evitar el consumo de alimentos superfluos como son la bollería, postres lácteos, mermeladas, chocolate, embutidos grasientos…, de la misma manera que los adultos, pero en el caso de los más pequeños de la casa, ¡hay que retrasar al máximo su introducción! En el caso de que quieras dárselo, estos productos no se recomiendan antes de los 12 meses y su consumo debe ser de manera ocasional.


¿En qué orden se pueden introducir los nuevos alimentos?
No existe un orden concreto para la introducción de nuevos alimentos, no obstante, es recomendable no introducir diferentes alimentos al mismo tiempo. Respetar un intervalo de 3 a 5 días entre un alimento nuevo y otro puede serte de gran ayuda, ya que si el bebé presenta alguna reacción será más difícil detectar el origen y poderlo comentar con su pediatra.

Recuerda que la alimentación complementaria, como su nombre indica, es un complemento a la lactancia, es decir, la lactancia materna debe ser su principal fuente de nutrientes hasta el año. A partir de esa edad, el niño ya debería comer lo mismo que comen los adultos, sentado en la mesa y cogiendo él mismo los cubiertos.

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¿Cómo puedo combinar los alimentos en las comidas de mi bebé?

Las recomendaciones alimentarias para niños de 0 a 3 años hacen hincapié en la importancia de tener en cuenta aspectos nutricionales y sensoriales a la hora de preparar el menú de los más pequeños y el momento del día, porque no le daremos lo mismo durante el desayuno, la comida, la merienda o la cena.


La verdad es que, no hay ninguna regla exacta que nos defina cuál es la mejor combinación de alimentos para ellos. Cuando la alimentación de tu pequeño ya sea similar a la de papá y mamá y se hayan introducido casi todos los alimentos, es recomendable que intentes incluir siempre en sus comidas principales vegetales (verduras y hortalizas), hidratos de carbono (pasta, pan, cereales, arroz…), proteínas (carne, pescado, huevo…) y fruta (preferiblemente fresca y de temporada).


Por otro parte, como muy bien sabrás, no todos los alimentos tienen las mismas características ni les van a aportar los mismos nutrientes, por ejemplo, mientras que la zanahoria tiene un alto contenido en vitamina A, los espárragos verdes destacan por ser fuente de vitamina E. Alternar e incorporar distintos alimentos de cada grupo, ofrecer un plato lleno de color y con diversidad de texturas y olores. También es necesario cambiar las técnicas de cocción y las preparaciones: plancha, hervido, guisado, al vapor, al horno, estofado, rustido… ¡En la variedad está el gusto!


Desde Lidl te ofrecemos productos adaptados a las necesidades de los más pequeños de la casa para ayudarte también en esta nueva etapa. ¡Así puedes disfrutar más de él!

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¿Qué cantidad de proteína se recomienda en cada etapa?

Las proteínas son esenciales en la alimentación tanto de niños como de adultos. Se encuentran principalmente en los alimentos de origen animal como la carne, el pescado, los huevos y los lácteos, aunque también las podemos encontrar en alimentos vegetales como las legumbres o los cereales. Estos nutrientes realizan una función estructural básica en nuestro cuerpo, contribuyendo al mantenimiento de los huesos y de la masa muscular en condiciones normales.


Mientras que para las verduras y hortalizas, frutas, legumbres, pasta, arroz… las cantidades que se ofrecen se deben adaptar a la sensación de hambre del peque, con los alimentos proteicos como la carne, el pescado y los huevos, es recomendable ceñirse a sus necesidades nutricionales.


¿Qué cantidad de proteína corresponde por edad?
Las guías alimentarias actuales recomiendan para los niños de 6 a 12 meses un consumo de proteínas:


20-30g/día de carne (priorizando las carnes blancas como el pollo, el pavo o el conejo, en lugar de las carnes rojas como la ternera o el cerdo);


• 30-40g/día de pescado blanco o azul;


• 1 huevo pequeño al día.

Para los niños de 12 meses a 3 años las recomendaciones son:


40-50g/día de carne (priorizando las carnes blancas como el pollo, el pavo o el conejo, en lugar de las carnes rojas como la ternera o el cerdo);


60-70g/día de pescado blanco o azul;


1 huevo mediana al día.


Es importante que tengas en cuenta que, tanto la cantidad de carne como de pescados que acabamos de explicar se deben repartir a lo largo del día. Es decir, si quieres incluir carne o pescado en la comida y en la cena, deberías fraccionar las cantidades.

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¿Es recomendable el consumo de leche sin lactosa en niños?

La lactosa es el azúcar naturalmente presente en la leche y en los derivados lácteos como, por ejemplo, el yogur y el queso. Este azúcar está formado por la unión de dos moléculas de azúcar más simples, glucosa y galactosa. Cuando ingerimos un alimento que contiene lactosa, en primer lugar, nuestro cuerpo tiene que digerirlo, es decir, romper la unión entre la glucosa y la galactosa. Una vez liberadas, ambas moléculas podrán ser absorbidas y llegar a la circulación sanguínea. Para poder romper el enlace entre estas dos moléculas necesitamos la ayuda de una enzima denominada lactasa.


¿Qué es la intolerancia a la lactosa?
La intolerancia a la lactosa es una patología cada vez más común, de hecho, se calcula que aproximadamente una de cada 10 personas la padece. En la mayoría de los casos, la intolerancia a la lactosa es una enfermedad crónica de causa genética, no obstante, también puede aparecer transitoriamente como consecuencia de la aparición de otros problemas intestinales o por el uso de determinados fármacos.


Por lo general, las personas que padecen intolerancia a la lactosa no fabrican suficiente enzima lactasa, necesaria para poder digerir la molécula de lactosa. Si la molécula de lactosa no se rompe, el cuerpo es incapaz de absorberla, por lo que continúa circulando por el sistema digestivo hasta llegar al intestino gordo (colon), donde las bacterias de la flora intestinal la digieren dando lugar a los síntomas característicos de esta patología: dolor de barriga, retortijones, sensación de hinchazón, gases o diarrea después de consumir cualquier tipo de producto lácteo…


No todas las personas con intolerancia a la lactosa reaccionan de igual modo al consumo de lácteos, por lo que es necesario que si tu peque tiene intolerancia a la lactosa tu pediatra de confianza valore el grado de afectación ya que, aunque en algunos casos la tolerancia es muy baja y se ha de optar por alternativas a los lácteos como los productos sin lactosa o las bebidas vegetales enriquecidas, la mayoría de veces se llegan a tolerar cantidades de lactosa en dosis única de unos 12 gramos (más o menos un vaso de leche) y pueden consumir lácteos en pequeñas cantidades o tan solo algunos con menor cantidad de lactosa como los quesos curados o el yogur que contienen bacterias que fabrican lactasa.


¿Si mi peque no padece intolerancia a la lactosa debe tomar también leche sin lactosa?
La diferencia principal entre la leche convencional y la leche sin lactosa es que en la leche sin lactosa este azúcar ya viene digerido (las moléculas de glucosa y galactosa están libres), por lo demás, siempre y cuando no se le hayan añadido azúcares durante su elaboración (en cuyo caso estará indicado en el etiquetado del producto), la composición nutricional es prácticamente la misma.


Por norma general, los lactantes y los niños producen enzima lactasa suficiente como para poder digerir con facilidad la lactosa, sin suponerles ningún problema, así que no es necesario el uso de estos productos cuando no hay un diagnóstico médico detrás. A partir del año, la leche de vaca es un alimento nutricionalmente correcto y que la gran mayoría de niños pueden tomar sin ningún problema.

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¿La fruta y los cereales contienen azúcar?

La composición de los productos destinados a la alimentación infantil varían en función de cada marca o tipo de producto. Es cierto que, si te fijas en la etiqueta, muchas veces aparece la palabra azúcar, pero ¿eso quiere decir que llevan azúcar añadido o no?


Lo primero que tienes que hacer es fijarte en tabla de composición nutricional donde aparecerán los hidratos de carbono o carbohidratos y “de los cuales azúcares” donde se debe diferenciar entre simples y complejos.


¿Qué son los hidratos de carbono?
Los hidratos de carbono o carbohidratos son básicos en una alimentación saludable y equilibrada. Su función principal es aportar energía para que nuestro cuerpo funcione, es nuestro combustible, al igual que la gasolina para el coche.


Estos nutrientes se pueden agrupar en dos grandes grupos: hidratos de carbono complejos e hidratos de carbono simples (azúcares simples o sencillos). Los hidratos de carbono complejos están formados por largas cadenas de azúcares simples unidos entre sí mediante enlaces. Cuando comemos un alimento rico este tipo de carbohidratos, primero tenemos que digerirlos, es decir, romper uno a uno todos los enlaces para dejar libres las moléculas y poderlas absorber. Este proceso es lento, pero nos proporciona energía que dura más tiempo. En cambio, los azúcares o hidratos de carbono simples como están formados por una molécula o por dos, se digieren y absorben de forma fácil, llegando rápidamente al torrente sanguíneo y aportando energía de utilización rápida.


¿Todos los azúcares son iguales?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir el consumo de azúcares añadidos, tanto adultos como niños. Pero ¿todos los azúcares son iguales? La verdad es que no. Es importante saber diferenciar entre los azúcares añadidos y los azúcares que de manera natural forman parte de la composición del alimento. Las frutas, por ejemplo, contienen fructosa (azúcar), no obstante, este azúcar es propio de ella. Por otra parte, encontramos los alimentos que de manera natural no contienen azúcar, pero que a nivel industrial se les ha agregado azúcar, miel o jarabes durante su elaboración. Estos últimos, los “alimentos azucarados”, son los que debemos evitar.


¿Cómo puedo saber si los cereales o los potitos de frutas contienen azúcares añadidos?
Para saber si los potitos de frutas o verduras y los cereales infantiles que le das a tu hijo contienen azúcar añadido debes fijarte principalmente en los ingredientes. Por ejemplo, la dextrosa, glucosa, jarabe de glucosa, almidón, fructosa, sacarosa, maltosa o galactosa son azúcares naturales que a veces se extraen de alimentos para agregarlos a otros y darles más sabor. Esta adición es lo que se conoce como “azúcares añadidos”.


Pero ¿qué pasa con los potitos de frutas? Si en los ingredientes presentes en el etiquetado de tus potitos tan solo aparecen frutas, no te preocupes, querrá decir que todo el azúcar que contiene es el naturalmente presente en la fruta. Si en su contra, encuentras alguno de los términos anteriores, querrá decir que sí que se le ha añadido durante su producción.


¿Y con los cereales? En el caso de los cereales procesados, durante la fabricación, se rompen los enlaces de los carbohidratos complejos, que es lo que haría nuestro cuerpo, y se convierten en azúcares simples. Por lo tanto, los azúcares simples que contienen los cereales son propios de los alimentos, a no ser que en su composición encontremos otros añadidos como “azúcar, miel…”.
Las leyendas “sin azúcares añadidos” o “con azúcares naturalmente presentes” pone de manifiesto que ese producto no tiene agregado ningún azúcar que no sea el propio del alimento. Así pues, a la hora de escoger, ¡fíjate bien en los ingredientes!

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¿Se pueden ofrecer bebidas vegetales (soja, avena, arroz, almendra…) a los niños?

Las bebidas vegetales son productos fabricados a partir de extractos de legumbres, cereales, frutos secos y/o semillas, como, por ejemplo, la bebida de soja, de arroz, de avena, de almendras, de quinoa… Todos estos productos han cobrado una gran popularidad en los últimos años, formando parte de la dieta habitual de muchos padres y niños.


¿Qué recomiendan los especialistas respecto al consumo de estas bebidas?
Los especialistas en nutrición recomiendan introducir la leche de vaca a partir del primer año. A partir de este momento, la mayoría de los niños puede incorporar en su alimentación bebidas vegetales sin ningún problema paralelamente al consumo de leche. En aquellos casos en que por causas patológicas (intolerancia, alergia…) o, simplemente, porque los padres no quieran introducir la leche de vaca, se puede optar por utilizar bebidas vegetales siempre y cuando estén enriquecidas, por lo menos en calcio, ya que la composición nutricional de estos productos no es igual a la de la leche de vaca, y el contenido de este nutriente es prácticamente nulo. Si además de estar suplementada en calcio, encuentras una opción que incorpora también vitamina D, mejor que mejor, ya que, junto con el calcio, estos dos nutrientes son claves en su crecimiento, además son necesarios para el mantenimiento de los huesos, de los músculos y de los dientes.

No obstante, debes tener en cuenta un par de cosas:


En primer lugar, debes saber que los especialistas recomiendan que los niños menores de 6 años no tomen bebidas de arroz ni tortitas de arroz, haciendo también hincapié en que los niños no deberían comer arroz o productos a base de arroz más de 4 veces por semana.


En segundo lugar, en muchos casos los fabricantes para mejorar el sabor de estas bebidas añaden azúcares durante el proceso de elaboración. Actualmente, Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir el consumo de azúcares añadidos, tanto adultos como niños. Por lo que es recomendable elegir aquellas opciones “sin azúcares añadidos”.

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¿Qué hago si mi bebé tiene alergia a algún alimento?

Es importante saber diferenciar entre una alergia y una intolerancia ya que muchas veces los síntomas son los mismos. Una alergia alimentaria es una respuesta de las células inmunitarias del cuerpo causada por el consumo de algún alimento que contiene una sustancia llamada alérgeno. En el momento que el cuerpo entre en contacto con el alérgeno, se producirá una reacción alérgica donde los principales síntomas serán: urticaria, voz ronca, hinchazón, dificultad para tragar o respirar, mareo o desmayo, congestión nasal, calambres en la tripa, diarrea, nauseas o vómito. Cuando se tiene una alergia alimentaria, no se puede consumir ese alimento ya que siempre se producirá una reacción alérgica. A diferencia de la alergia, la intolerancia alimentaria no causa una respuesta inmunitaria, y dependiendo de cada persona, la tolerancia a ese alimento será mayor o menor por eso hay que ir probando.


Las alergias alimentarias más comunes en niños son a los huevos, a la leche, a los cacahuetes, al marisco, a la soja, a los frutos secos y al trigo. Es importante que cuando se empiece la alimentación complementaria, dejes un intervalo de 5 días entre un alimento nuevo y otro. De esta manera podrás observar si el bebé presenta algún síntoma de alergia causado por ese alimento e informar al pediatra.


Si se diagnostica una alergia alimentaria, hay que evitar el consumo de ese alimento y para asegurarse, hay que leer bien el etiquetado de los productos. Actualmente hay 14 alérgenos de declaración obligatoria, es decir, se tienen que anotar en la etiqueta sí o sí. Estos son: gluten, crustáceos, huevo, cacahuete, soja, lácteos, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, sulfitos, altramuces y moluscos. En caso de que ese producto que estamos consultando contenga alguno de esos ingredientes, siempre estarán destacados en la etiqueta del pack o envoltorio. Así que recuerda; ante la posibilidad de una alergia ¡fíjate bien en las etiquetas y en las reacciones de tu bebé!

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¿Es compatible la dieta vegetariana y vegana con un adecuado crecimiento y desarrollo de mi bebé?

Cada día son más las personas que eligen seguir dietas vegetarianas o veganas. Cuando unos padres realizan un tipo de alimentación concreta, es comprensible que quieran que sus hijos adquieran los mismos hábitos que ellos.
Cuando se realizan dietas vegetarianas o veganas, es importante prestar mucha atención a la alimentación durante las primeras etapas del bebé, puesto que se encuentra en plena época de crecimiento y desarrollo y es necesario garantizar que se sigue una dieta equilibrada, sin déficits de energía ni de ningún nutriente. Para eso, es clave que los padres acudan a profesionales sanitarios expertos en este tipo de alimentación para estar bien informados y conocer las pautas dietéticas que se deben seguir.


¿En qué consiste la dieta vegetariana?
Por lo general, las dietas vegetarianas son aquellas que en las que el consumo de alimentos de origen animal está restringido en mayor o menor medida.


Aunque los patrones alimentarios vegetarianos son muy variados, las dietas vegetarianas más habituales son:
Dieta ovo-lacto-vegetariana: Incorpora alimentos de origen vegetal (verduras, hortalizas, cereales, frutas, legumbres, semillas, frutos secos, aceites vegetales...), huevos, leche y derivados lácteos.
Dieta lacto-vegetariana: Incluye alimentos vegetales, leche y derivados lácteos.
Dieta vegetariana estricta o vegana: Son dietas exentas de alimentos de origen animal. Se basa únicamente en el consumo de alimentos de origen vegetal, excluyendo totalmente carne, pescado, marisco, huevo, leche y derivados cárnicos.


La práctica de las dietas ovo-lacto vegetariana o lacto-vegetariana tienen más margen nutricional que la vegana, porque se pueden utilizar alimentos como el huevo y los lácteos y sus derivados, siempre teniendo en cuenta su edad y la guía orientativa de introducción de los alimentos para bebés.
No obstante, existen otras opciones todavía más restrictivas como, por ejemplo, la dieta macrobiótica, la dieta frugívora o la dieta crudívora.


¿Qué opinan los especialistas al respecto?
El seguimiento de una dieta vegetariana en la infancia debe realizarse de forma adecuada y de modo que se aporten la energía y los nutrientes que el peque necesita, puesto que la infancia es un período de gran crecimiento y desarrollo y las deficiencias o excesos pueden afectar directa e indirectamente a su salud.


La Asociación Americana de Dietética (ADA) en su Posición sobre dietas vegetarianas afirma que las dietas ovo-lacto-vegetariana, lacto-vegetariana e, incluso las dietas veganas siempre y cuando estén debidamente planificadas son apropiadas para todas las etapas, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez, la adolescencia e, incluso, para la práctica deportiva. Si se realizan correctamente y siguiendo las pautas de los profesionales sanitarios expertos en alimentación, estos patrones alimentarios son saludables, nutricionalmente adecuados y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades.


Cuando estas dietas no se plantean correctamente pueden suponer un riesgo de déficit nutricional y/o energético, sobre todo cuando se realizan dietas muy estrictas como la vegana.


Las dietas excesivamente estrictas, como la macrobiótica, la frugívora o la crudívora se han relacionado con deterioro en el crecimiento de los niños, por lo que no son recomendadas en los más pequeños.


¿Qué tienes que tener en cuenta?
Recuerda que, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses (o en su defecto lactancia artificial), y la incorporación de nuevos alimentos a partir de entonces, manteniéndola hasta los 2 años o más, mientras madre e hijo lo deseen.


La introducción de alimentos o alimentación complementaria deberás iniciarla igualmente cuando tu pediatra considere oportuno, de forma lenta, progresiva y en pequeñas cantidades y teniendo en cuenta los alimentos no recomendados en cada etapa.


Si optas porque tu pequeño realice una alimentación vegetariana puedes utilizar huevos (a partir de los 6 meses), yogur y queso tierno (a partir de los 9-10 meses) y leche (a partir de los 12 meses si no continuas con lactancia materna), además de legumbres como las lentejas y los garbanzos y frutos secos, que le aportarán proteínas de origen vegetal. Además, encontrarás alternativas a la carne y al pescado como el seitán (preparados a base de gluten de trigo), o el tofu (producto a base de soja).


Las bebidas de soja enriquecidas en calcio y vitamina D pueden empezarse a introducir a partir del primer año de vida en niños pequeños con un crecimiento adecuado para su edad dentro de una alimentación variada y equilibrada.


Las recomendaciones resaltan la importancia de la suplementación con vitamina B12 después de haber acabado el amamantamiento, porque sólo se encuentra en alimentos de origen animal, siendo la carne y el pescado los alimentos en los que más concentración hay, pero debe ser tu pediatra quien te paute dicha suplementación.