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Intolerancia a la lactosa

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¿Qué es la lactosa?

La lactosa es el azúcar natural de la leche, y está compuesto por una molécula de glucosa y otra de galactosa. La lactosa es el azúcar mayoritario de la leche y está presente en las leches de vaca, cabra, oveja, búfala, etc., en un porcentaje aproximado del 5%.

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¿Cuáles son los alimentos que contienen lactosa?

Además de hallarse en la leche también está presente en sus derivados como el yogur, el queso, el requesón o la cuajada, entre otros. Esto también incluye a los productos que contienen leche o  lactosa entre sus ingredientes, tales como algunos tipos de pan, purés y sopas comerciales, embutidos, mantequilla, bollería, galletas, cereales para el desayuno, caramelos, etc., ya que contribuyen a mejorar sus características sensoriales y a su conservación.

En la Unión Europea es obligatorio identificar en el etiquetado de los alimentos cualquiera de las 14 sustancias que habitualmente ocasionan reacciones adversas a los alimentos, entre ellas la leche.

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¿Es necesario consumir lactosa?

Si una persona es intolerante a la lactosa puede eliminar esta sustancia de su dieta, sin comprometer su salud, pues la lactosa no es un nutriente esencial. Sin embargo, hay que tener en cuenta que suprimir los productos lácteos de la dieta puede dificultar la cobertura de las necesidades de calcio y otros minerales y vitaminas. En la actualidad existen en el mercado numerosos lácteos sin lactosa tales como leches frescas o fermentadas.

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¿Por qué se produce la intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa tiene lugar cuando el intestino delgado no produce la suficiente cantidad de lactasa, que es la sustancia que el organismo necesita para digerirla, es decir para romper la lactosa en glucosa y galactosa.

En este sentido, conviene tener en cuenta que entre los humanos el consumo de leche procedente de otras especies es un hecho relativamente reciente dentro de nuestro proceso evolutivo. La adquisición de este hábito fue posible debido a una mutación genética que se produjo en los humanos en una fecha no inferior al año 5000 a.C. Este cambio permitió la digestión de los azúcares simples, entre los que se cuenta la lactosa.

No obstante, la aparición de esta mutación entre los seres humanos no es homogénea, sino que varía considerablemente entre los diferentes individuos y grupos étnicos. De hecho, según un estudio publicado hace unos años por la revista científica Nature, sólo el 35% de la población mundial puede beber leche sin sufrir molestias estomacales después de los 7 u 8 años.

A su vez, no hay que confundir la intolerancia a la lactosa con la alergia a la leche. Mientras que esta última se desencadena por la ingesta de proteínas láctea por parte de las personas que la padecen, la intolerancia provoca problemas en la digestión de la lactosa, debido a que la cantidad de lactasa generada por el organismo es insuficiente.

Aunque no existen datos claros sobre la prevalencia real de la intolerancia y la mala digestión de la lactosa en la población española, la Autoridad Europa de Seguridad Alimentaria (EFSA) estima que el 34% de los españoles podrían padecer molestias por déficit de lactasa en mayor o menor grado. La Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) alerta de que muchas personas afectadas o que creen estarlo, auto gestionan este problema sin someterse a las correspondientes pruebas diagnósticas y prescindiendo de cualquier supervisión médica.

Si se tiene sospecha de una intolerancia a la lactosa, debe acudirse al médico. Éste nos derivará al especialista para que realice un diagnóstico definitivo.

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¿Cuáles son los síntomas de la intolerancia a la lactosa?

Según la Asociación de Intolerantes a la Lactosa España (Adilac), éstos son algunos de los síntomas asociados a la intolerancia de la lactosa más frecuentes:

· Hinchazón y distensión abdominal
· Náuseas y vómitos
· Espasmos y retortijones
· Dolor abdominal
· Gases abdominales, flatulencias o meteorismo
· Diarreas ácidas
· Heces pastosas y flotantes
· Defecación explosiva
· Enrojecimiento de la zona perianal

Dado que esta sintomatología puede confundirse con la de otros problemas intestinales, se debe acudir al especialista para confirmar o descartar una posible intolerancia y su grado.

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¿Qué beneficios aporta el consumo de leche sin lactosa?

La incidencia de la intolerancia a la lactosa entre la población —sobre todo en el sudeste asiático y el sur de África, y países del sur de Europa—, unido al creciente número de personas que adopta una dieta vegana, ha motivado la aparición de bebidas sustitutivas a base de soja, arroz, avena, avellana, almendra o coco, así como la comercialización de leche sin lactosa. En relación a las bebidas vegetales que se presentan como sustitutos de la leche, es importante seleccionar aquellas que estén enriquecidas en calcio. La opción más adecuada para una persona que no es vegana, es la leche sin lactosa.

El calcio también podemos obtenerlo a partir del consumo de legumbres y derivados, frutos secos, cereales, frutas desecadas y hortalizas, aunque su índice de absorción es menor que en la leche y los productos lácteos.

Éstos son algunos de los beneficios que aporta el consumo de la leche sin lactosa a las personas que han sido diagnosticadas de déficit de lactasa:

· Disminuye o elimina los síntomas ligados a la intolerancia de la lactosa.

· Conserva el aporte nutricional de leche. La leche sin lactosa mantiene las propiedades de la leche en cuanto a su aporte de proteínas, grasas, vitaminas y minerales, entre ellos el calcio.

· Está disponible en diversas variedades, como ocurre con la leche convencional: entera, semidesnatada, desnatada…

· Es muy versátil, ya que puede utilizarse para elaborar todas aquellas recetas que incluyan la leche tradicional.

El consumo de productos o de leche sin lactosa por parte de personas que no tienen diagnosticada una intolerancia o mala absorción de la lactosa, no aporta ningún beneficio nutricional respecto de sus equivalentes con lactosa.

Algunas personas con cierto grado de mala absorción de la lactosa, toleran bien la ingesta de leches fermentadas como el yogur.